domingo, 24 de mayo de 2009

My Way Home Is Through You.


Capítulo 1

Volteé a mirar como el bus se alejaba en dirección al centro de la ciudad, desde donde uno, que no conoce, puede ubicarse mejor. Eso era lo que, al parecer, ocurría en todas las metrópolis. Me insulté en mi fuero interno por no haberme apurado un poco más. Tenía el tiempo contado y, más encima, el único bus que me permitiría llegar a la hora se me había pasado. Patético. Entonces, mi cara de extranjero y yo nos quedamos sentados, mirando como la gente pasaba delante de nosotros sin siquiera dignarse a pasarse de forma fugaz por la cabeza que podría hacer un tipo como yo, mirándolos. Simplemente parecía darles lo mismo.

-Eso pasa en las ciudades grandes –interrumpió una voz. Al instante miré para descubrir quien había tenido la amabilidad de tenderme la mano. –¿Necesitas ayuda? –consultó enseguida un chiquillo de baja estatura y grandes ojos de color avellana, que venía envuelto en un abrigo que le llegaba hasta las rodillas. Parecía, apenas, un adolescente.

-Necesito llegar al centro –respondí. No estaba en condiciones de rechazar ayuda de alguien en una ciudad hostil, como lo era Nueva York.

-Sólo necesitas tomar un taxi.

-Claro… –me quedé callado. Perdí varios valiosos minutos sin barajar la posibilidad de tomar un taxi. Había que ser realmente estúpido. –De todas formas ya no llego. Gracias por la ayuda –añadí, después de decidir. Lo estaba haciendo a modo de despedida.

-¿De dónde eres? –soltó. Sus ojos curiosos me recorrieron en gloria y majestad. Primer norteamericano que era tan agradable con alguien como yo. Interesante.

-He vivido siempre en Londres, pero soy norteamericano, como tú –él asintió a medida que mis palabras se escapaban de mis labios.

-Pero no de Nueva York –sonrió después de hablar. Yo me limité a asentir con cortesía, así como él la había tenido conmigo. –Después de un tiempo te acostumbras. Tampoco soy de esta ciudad, pero hay que perseguir las oportunidades.

Mantuve mi sonrisa, mientras él se explayaba y me explicaba como había ido a parar a una de las urbes más importantes del mundo, con apenas unos tiernos 17 años.

-Bueno, ¿Y dónde te quedas? –preguntó, una vez finalizado su relato.

-Para eso necesito llegar al centro –él comenzó a mirarme con escepticismo. –Hay buenos lugares en el centro.

-Hay hermosos lugares en Manhattan, pero carísimos –oh claro. El factor dinero era algo determinante en Estados Unidos, por poco lo paso por alto.

-Si, tienes razón –comenté. Lo que menos quería era posicionarme en un término distinto al que él me estaba dando. –¿Conoces algún lugar?

Emitió unas carcajadas. Al parecer mi pregunta parecía demasiado tonta como para ser contestada antes de burlarse.

-Te encontraste con la persona correcta –añadió una vez finalizada su dosis de alegría. Era inevitable sentir simpatía por el diminuto ser que se me había presentado casi como un ángel para guiarme en esta nueva parte de mi vida, en la que, lo único que necesitaba, de momento, era encontrar un hogar. Uno en el que sólo hubiese cabida para mi cara de extranjero y yo.

Al lugar donde Frank me había llevado (En el trayecto me enteré de su nombre) no era precisamente uno de los lugares que yo habría considerado para asentarme por ahora. Sin embargo, después de un momento la idea de permanecer allí se veía bastante más tentadora que gastarme una millonada para tener vista al mar y a los rascacielos de la gran urbe.

-No es el mejor barrio, pero es cómodo. Y barato –seguía sonriendo. Entonces también le dediqué el fantasma de una sonrisa tímida, como todas las que había estado intentando regalar a medida que el día iba desfilando delante de mis ojos.

-Gracias por ayudarme –tuve que decir, obligatoriamente, después de ver como negociaba el precio del apartamento por mí.

-No es nada. Me he entretenido hoy, justo cuando pensaba en ir a la preparatoria a desordenar un poco. Me haz salvado del castigo y de mi madre. Gracias –enunció con sobrecargada alegría.

-Cuando gustes –solté, sin pensar.

-¿En serio?

-Claro.


Al empezar desde cero puedes elegir exactamente que es lo que quieres. Ahora ya no necesitaba ninguno de aquellos cojines que tenía en mi anterior cama. Ni siquiera la pintura de la pared era parecida. Respiré al fin con tranquilidad. Era precisamente esto en lo que estaba pensando cuando cogí mis tres maletas y atravesé el Atlántico. Aunque, claro, tenía un problema. Aquí no tenía ni una cama… Bien. Tocaría dormir en el suelo, o de pie… O de plano, no dormir.

-Nada que perder –dije en voz alta, como única forma de apoyar mi decisión.

El resto del departamento estaba amoblado. Tenía un gran ropero en donde poner mis pocas prendas, así que comencé por aquello. Me paseé varias veces desde un extremo del cuarto, al otro. Por primera vez en mucho tiempo me estaba tomando las cosas con toda la calma del mundo, ya, por fin, no tenía nada ni nadie que me presionara. Que bueno había sido alejarme de Londres. Caminé a la cocina y unos segundos antes de entrar, sentí el llamado a la puerta.

-¡Hola! –saludó Frank con energía. –Te traje algo de comida, porque recordé que no habías comprado.

Sin poder contenerlo, solté una enorme carcajada que me devolvió el alma al cuerpo. Sinceramente, ya había olvidado como era estar feliz, disfrutando de cosas aparentemente sencillas.

-¿Te molesta? –preguntó, quizás un poco contrariado por mi reacción.

-No, para nada –me excusé por mi falta de cortesía. –Es sólo que no me lo esperaba. Gracias –estiré mi brazo para ayudarle con las bolsas. Él me las cedió y entonces hice un gesto que lo invitaba a pasar.

viernes, 3 de abril de 2009

Que miedo. Viento.


Ahora que miro a través de la ventana veo todo con más claridad, aunque he de reconocer que todavía me cuesta creer que nada fue cierto...



La tranquilidad de los árboles era relativamente estresante. Estaba tensa al pensar que él todavía no cruzaba aquella puerta. Tenía miedo. Demasiado. Pero entonces ese particular olor traído por la brisa que corría en el exterior, sirvió de remedio para alivianar un poco la carga de su partida repentina y sin explicación.

-Te he traído unas naranjas del mercado -comentó mi hermana, poniendo, de inmediato, un par de bolsas sobre la mesa. Yo asentí y esbocé una sonrisa tímida. -Mujer, me estás dando miedo.

-Lo siento -me limité a contestar. Últimamente ni siquiera tenía ganas de hablar.

Era bastante evidente que ella no entendía lo que me pasaba, y está bien. Nadie tiene porqué enterarse de lo que ocurre contigo, de lo que te afecta, de lo que te duele, mucho menos, entonces, tienen motivos para saber que son las cosas que te hacen polvo... Y tampoco deberían saber cuando no abrir la puerta y dejar que el viento entre y te asuma como suyo...


domingo, 29 de marzo de 2009

Somebody to Love

... Y fue en aquel momento en que vi aquella sonrisa extrañamente feliz, en que supe que realmente existía alguien a quien amar...

-Te amo -dije apenas noté que él había terminado de leer mi nota. Sus mejillas estaban tan encendidas como las mías, aunque dudo que su rubor haya sido por culpa de la vergüenza, como era mi caso,
-Lo siento -habló un par de segundos más tarde, al ya notar mi desesperación por algún tipo de respuesta.
-¿Por qué? -"Cosas extrañas de hombres" -pensé al mismo tiempo.
-Porque debí ser un poco más antipático.
-¿Todavía más? -ahora yo sonaba indignada, y con justa razón. Hasta lágrimas me había sacado el imbécil...
-Pero tu sabes que no te quiero -musitó en aquella forma despectiva que tanto odiaba.
-Claro que me quieres -contrapuse.
-Pero no te amo
-No me interesa que lo hagas
-¿Entonces para qué me lo dices?
-Para que lo sepas la próxima ves que me mandes a la mierda.
-No entiendo -arqueó las cejas un poco molesto.
-Ya no podrás decir: ¡Ándate a la mierda, pendeja hueca!
-¿Por qué no? -su rostro seguía rudo.
-Porque esta pendeja hueca se llenó cuando comenzó a experimentar estas tontas cosquillas en el estómago.
Él seguía sin entender.
-Ahora sólo podrás decirme: "¡Ándate a la mierda, pendeja!" y dentro de poco deberás quitarle el "pendeja" también, porque casi seré de tu edad -terminé de responder entre sonrisas divertidas.
-Tonta -susurró.
-Los que aman jamás han sido cuerdos, no esperes más de mí.

sábado, 21 de marzo de 2009

Sparirò.


En el momento en que asumí que te amaba supe que las cosas realmente no estaban yendo bien. Primero, porque yo no amo. Nunca. Segundo, porque tu me correspondías, aparentemente... Y, cómo dice Luca Dirisio, "Es difícil tenerte ahora aquí", porque no sé como reaccionar. Si odiarte o entregarte mi corazón otra vez para que lo termines de destruir.

Es tan grande esta confusión de sensaciones y sentimientos.

Al final sólo quiero que desaparezcas... Aunque eso signifique el dolor más grande de mi existencia, incluso lágrimas ridículas y falta de aliento para comenzar otro día...

domingo, 15 de marzo de 2009

Feel the Pain


Siento que mis lágrimas se deslizan camino abajo hasta encontrar algo en que colisionar. Me duele el pecho después de horas de forzada respiración, que, a la larga, sigue siendo en vano. No quiero separar estas líneas en párrafos, porque mis dedos se han puesto rebeldes desde que me quitaste lo último que pensé que perdería. Y eso que me haz quitado tantas cosas... El orgullo, la dignidad, la vergüenza... Incluso me quitaste un poco de sangre... Me da la sensación de que me debes, pero, calma, no te estoy cobrando nada. En realidad no quiero nada más que haya pasado por tí. Creo que prefiero ser alguien sin orgullo, sin dignidad y, en última instancia, sin corazón, pero ya no quiero recuperar nada... No vale la pena. Ni siquiera estas malditas lágrimas que me ahogan en esta desesperada sensación de oscuridad tienen un mínimo valor. Por que a tí no te interesan... Entonces me pregunto. ¿Alguna vez fue cierto todo eso que me dijiste?